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Noticias financieras hoy y ahora: el rol de la mujer en la economía solidaria

Existe una infinidad de medios dedicados a las noticias financieras, como este, por ejemplo. Sin embargo, las noticias financieras no siempre tratan sobre un tema clave: el rol de las mujeres en la economía.

 

 

Economía social y economía solidaria son conceptos ya antiguos, aunque se diga lo contrario. Sin embargo, son necesarios nuevos planteos que den cuenta de porqué somos las mujeres quienes mayoritariamente impulsamos formas innovadoras y alternativas de economía.

En esta nota, hablaremos sobre las relaciones entre la economía social, la economía solidaria y el feminismo, de modo que todos contemos con algunas claves para la reflexión.

La economía social, por sus orígenes históricos, nunca se combinó con feministas. La economía solidaria, aunque mayoritariamente llevada a cabo por las mujeres en todas las partes del mundo, está únicamente representada socialmente por hombres. Y el feminismo, globalmente implicado en la reivindicación de la igualdad de derechos, escapa a la lógica de las alternativas económicas.

 

La economía social

Con la Comuna de París, nacieron el sindicalismo y la economía social, hace más de un siglo. Mutualidades, cooperativas y asociaciones fueron creadas para llevar a la práctica alternativas económicas al sistema dominante de la época, que no es muy distinto al de hoy: el capitalismo industrial.

Lo distintivo de estas estructuras económicas eran los valores sociales tales como solidaridad e igualdad.

 

 

Hoy este extenso movimiento institucionalizado desconoce a millones de mujeres en África, en Asia y en América Latina, donde impulsan el desarrollo de mutualidades de crédito, de salud, cooperativas artesanales, agrícolas, de pesca…

Ahora bien, es habitual que se confunda el concepto de solidaridad con la compasión o la caridad. Así se ignora que se trata más de una cuestión de corresponsabilidad, de compartir valores comunes, de estar juntas en un mismo proceso de cambio, de luchar por una verdadera democracia económica, en resumen, de crear un mundo nuevo.

 

Las mujeres en la economía

Según la economista feminista Maria Mies, “…si nos preguntamos porqué las mujeres son las principales víctimas de las reformas del neoliberalismo, titubeamos. Es porque el estatus de las mujeres es bajo en todas las partes del mundo: no tienen poder de negociación y no pueden hacer crecer, aprovechar su ‘capital humano’. Por eso se recurre a los Estados para que no haya más discriminación hacia las mujeres, y para que la igualdad de género sea una realidad”.

No obstante, esta política de “alcanzar una posición más alta” propia del sistema capitalista actual es algo que nunca se aplicó para las mujeres, ni en el sur ni en el norte. Continúa siendo un mito.

El trabajo de reproducción de la capacidad de trabajo, asegurado por la mujer o la madre del trabajador, no aparece en las estadísticas de los capitalistas, ni en las de los Estados, ni en la teoría de Marx.

De hecho, este trabajo de reproducción se concibe como un “bien gratuito” y “natural”, que implica “la instrumentalización de las mujeres como complemento necesario para la proletarización de los hombres”, afirma Maria Mies. “Trabajo” institucionalizado y amparado por principios morales cristianos.

Del mismo modo, se considera bienes mercantiles, gratuitos y patentables el trabajo de pequeños agricultores y artesanos locales. Todo lo que se encuentra bajo tierra se ha convertido en un espacio a colonizar económicamente “por el hombre blanco occidental”.

En términos metafóricos, que lo que subyace a la punta del iceberg salga a luz algún día forma parte del mito del progreso capitalista liberal, y el liberalismo nos lleva justamente al camino opuesto.

“Hoy pedazos flotantes del iceberg cada vez más importantes son sumergidos. Se acepta que el pleno empleo, incluso en los países ricos, es un concepto de paso. La política neoliberal de ‘desregularización’ y de ‘flexibilidad’ no es más que otra expresión de lo que llamamos la ‘domesticación’ del trabajo”.

Y quienes más llevan a cuestas el peso del liberalismo somos las mujeres. Sin nosotras el liberalismo se hundiría.

 

Mujeres comprometidas con la economía solidaria

Podemos afirmar, sin tener que recurrir a estadísticas, que las mujeres tienen una posición social y laboral marginal.

Las mujeres replicamos patrones de apoyo familiar y trabajo doméstico. Cultivamos la tierra, mantenemos a flote los pequeños comercios, producimos artesanías. Y esto siempre ha sido así, solo que ahora cada vez más nuestro papel se invisibiliza.

Según la socióloga Josee Belleau, “cuando las mujeres hablan de economía, hablan también de salud, de educación, de cultura, alimentación, de custodia de hijos, de cuidados a los abuelos, de profesiones no tradicionales, de poder, de violencia, de guerra, de terremotos, de rentas escasas, de precariedad, de trabajo del sexo, de división de las tareas domésticas…”.

 

El feminismo

La mayoría de las feministas consideran que la economía solidaria representa una regresión para las mujeres: una vuelta a los valores ancestrales de la familia y de la mujer guardiana del hogar y también una aceptación de la precarización del trabajo.

Sin embargo, en la búsqueda de verdaderos medios para una democracia económica, algunas feministas emprendieron la tarea de devolver al trabajo invisible su justo lugar y valor.

Las mujeres protagonistas de la economía solidaria llevan adelante verdaderos proyectos de cambio social. Asumiendo la gratuidad, impulsan el concepto del límite al modelo de producción capitalista que rechaza las fronteras de la acumulación sin tener en cuenta el hecho de que los recursos naturales no son inagotables.

Ellas resisten a este sistema garantizando recursos, equilibrio, formas de intercambio diferentes y gratuidad. Lo que no significa opresión y aceptación de la alineación, puesto que definen un “precio justo”, no tan solo intercambiable por dinero, susceptible de ser apropiado por todos/as. Aquí la gratuidad no significa “sin precio”, sino todo lo contrario.

 

Noticias financieras que importan

Para terminar, Sandra Quintela nos recuerda que “es imperativo hoy articular el trabajo de los movimientos feministas o de los movimientos de las mujeres con el análisis de la pobreza y de la economía para construir nuevos modelos socioeconómicos. Y la parte más importante se refiere a la construcción de una economía solidaria: una economía al servicio de la sociedad”.

Quintela agrega: esto: “A partir del análisis feminista, sabemos que todo recae en la vida cotidiana. Es en la vida cotidiana que las cosas cambian. Hoy y ahora”.

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